Es un privilegio trabajar para el Señor. Trabajar para el Señor, en cualquier función, es estar en ministerio. El ministerio, de forma general, significa todo lo que de algún modo sirve al Señor. Un ministerio es una función particular y específica dentro del conjunto de ministerios que Dios tiene para Sus hijos. Notemos, entonces, las diferencias primordial; una tiene el artículo “el” y la otra “un” antes del nombre. Al usar el artículo “el”, estamos generalizando, o hablando del conjunto de ministerios que existen. Al usa “un”, estamos poniendo énfasis en un solo ministerio. La Palabra de Dios nos da cinco ministerios principales dentro de la iglesia. Estos son, 1) Apóstol, 2) Profeta, 3) Evangelista, 4) Pastor, 5) Maestro. Pablo le dijo al joven Timoteo lo siguiente, “Pero tú, sé sobrio en todas las cosas, sufre penalidades, haz el trabajo de evangelista, cumple tu ministerio”.– I Timoteo 4:5 El apóstol Pablo nos está exhortando a todos en este versículo. Somos exhortados a un compromiso genuino y honesto con Dios.
El ministerio requiere compromiso de todas las personas que componen la comunidad cristiana. Si algunos trabajan y otros no, se forma un desbalance de esfuerzos. El llamado del Señor para todo cristiano es que trabajen para El. Por eso todos debemos estar envueltos en la obra, sin pensar que la labor ministerial se la debemos dejar en manos de una o pocas personas solamente.
Dentro del concepto de compromiso está la cantidad de tiempo que se separa para servir, el esfuerzo que se pondrá en lo que se hace, la planificación que se hará para servir, la disposición a relacionarse con los demás amorosamente, ser asequible para cuando haga falta, elasticidad para manejarse en distintas situaciones ministeriales, el deseo y esfuerzo para evangelizar, mantener un testimonio claro, no contaminarnos con las cosas de este mundo, y orar sin cesar. Jesús le dijo a sus discípulos en el Getsemaní, “Velad y orad para que no entréis en tentación; el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil”.-Mateo 26:41¿Por qué el nombre de Renovare?
Dios nos ha dado un nombre nuevo en Jesucristo. Todo hijo del Señor pasa de tener un nombre espiritual del viejo hombre, a tener un nombre nuevo como hombre renacido en Cristo Jesús. Dejando a trás el nombre contaminado por el pecado y la maldad de este mundo, pasamos a tener un nombre especial y único ante el Todopoderoso. Ante el Señor, nuestro nuevo nombre es ahora la forma que nos llaman, pero con la terminación “propiedad de Jesucristo”.
Renovare es la palabra en Latín que significa hacer que una cosa esté como si fuera nueva. Es la palabra de donde sacamos la palabra equivalente en Español renovar. Nos dice I Corintios 5:17, “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí, son hechas nuevas”. Aquí la Biblia nos habla acerca de una renovación muy particular, la renovación en Jesucristo.
Es maravilloso pensar que Dios es un Dios de nuevos comienzos. Podemos, aunque hayamos sido pecadores perdidos, comenzar de nuevo en El. El nos llena con Su Santo Espíritu, nos energíza para tomar nuevas fuerzas, nos orienta para que sepamos hacia donde ir, y nos propulsa hacia las metas ministeriales que tiene para nosotros. Somos y nos movemos en El, y por Su gracia somos renovados de día en día.
La Promesa
¿Qué seríamos sin el Señor? Dios es el que le da propósito al ministerio. Sin propósito es difícil hacer algo. Incluso, si comenzamos a hacer algo y nos encontramos sin propósito de trás de nuestras acciones, terminamos abandonando el proyecto prontamente. ¿Porqué es tan importante el propósito de un ministerio? Porqué sin propósito sentimos que estamos perdiendo el tiempo. Sabemos que es poco lo que nos toca vivir aquí en la tierra. Si malgastamos ese tiempo, tendremos que encarrarnos a la realidad que nuestra vida completa no tuvo propósito, y caemos en un vacío desesperante.
Dios suple todo lo necesario para que podamos servirle. El apóstol Pablo lo puso de esta manera, “Y mi Dios proveerá todas vuestras necesidades, conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”.-Filipenses 4:19 Servir no siempre es fácil, e incluso a veces se vuelva muy retante, pero cuando Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros? Sus riquezas son inmensurables, cosa que nos dice que no hay nada que El no puede resolver en nuestras vidas.
¿De qué vale una promesa si no podemos confiar en el que promete? La promesa es tan válida como la reputación del que la da. Si una persona frecuentemente no cumple sus promesas, ¿confiarías en esa persona para darte una nueva promesa para suplirte en algo que necesitas? Con Dios es muy distinto ya que su reputación de precede por toda una eternidad. Si Dios promete, ¿acaso no cumplirá?
Dios ha prometido estar con nosotros siempre. Si hay alguien en el cual se puede confiar, ese es Dios. No todo el mundo puede confiar con facilidad ya que algunos sufren de condiciones emocionales que se lo impiden. Pero, cuando se trata de confiar en Dios, podemos estar cien por-ciento seguros que El cumplirá por dos razones principales, 1) es Dios omnitodo y, 2) El nunca ha fallado. Esto es, podemos confiar por quien Dios es y por lo que ya ha hecho.
El llamado
Cuando Dios llama a una persona para servirle, dos funciones sobresalen. Uno, que la persona sea hijo de Dios y dos, que la persona sea ministro del Señor. Osea, el llamado de Dios es de ser y servir.
Ser hijo de Dios implica que somos escogidos por Dios, de acuerdo a Romanos 11:5. El escogido necesita alimentarse de la palabra, estar envuelto con otros cristianos como él para gozarse de las cosas del Señor, tener momentos de intense adoración a Dios, poder dar de lo que tiene para la obra del Señor, sentirse retado en el servicio al Señor, tener con quien compartir sus problemas y necesidades, y tener momentos a solas con Dios. Básicamente, ser hijo es tener la función de servirse a uno mismo para poder eventualmente servir a los demás.
Ser ministro del Señor es tener un ministerio donde se sirva al Señor. Esto requiere definir y entender el ministerio propio, saber el potencial personal para expresarlo efectivamente, eliminar los escollos de la duda y falta de fe, tener metas claras de servicio, y planificar con cuidado para evangelizar y atender las necesidades de los demás. Básicamente, ser ministro es uno que sirve a otros para que ellos, a su vez, puedan convertirse en siervos útiles del Señor.
El Reto Ministerial
Una vida sin retos fácilmente se submerge en depresión; que aburrida es. El reto representa un objetivo difícil de conseguir en el cual se pone mucho esfuerzo. Lo contrario de una vida con retos es una vida que descanza en lo que se ha logrado, sin poner un esfuerzo significativo para obtener cosas nuevas. Tenemos que preguntarnos si La Gran Comisión se puede lograr sin retos.
Es un reto romper la rutina diaria para hacer cosas distintas como entregar un tratado, regalar una Biblia, o decir un “Dios te bendiga”. Es un reto visitar un enfermo en el hospital y orar con y por él en presencia de parientes y personal médico. Es un reto dejar a la familia para irse a otro país y ministrar a vidas en ese lugar. Es un reto enfrentarse a familiares inconversos y decirles que somos cristianos e invitarles a que también ellos conozcan del Señor. Es un reto pararse ante una congregación y dar un mensaje que has preparado para la edificación del cuerpo de Cristo.
El cristianismo está lleno de retos; eso lo hace interesante. Sabemos que esos retos inducen a pensar, a ejercitar los talentos que Dios nos ha dado, a aprender más, a pulir nuestras habilidades, a expandir nuestros horizontes, y a fortalecer nuestra fe. Gracias a Dios por los retos.
Formato del Servicio
El servicio Renovare tendrá un formato de menos rigidez estructural, pero manteniendo una secuencia de eventos dentro de un marcó de tiempo. Será abierto a la guía del Espíritu Santo. Los sermones se ofrecerán interactivamente, permitiendo así que la congregación pueda aclarar dudas haciendo preguntas mientras se predica. El derecho de hacer preguntas durante el mensaje será limitado a los que son miembros de la IBARM. Los JP/JM tendrán funciones dentro del servicio para ayudar en lo que se les asigne. Solamente miembros de la iglesia podrán tener participación activa de trabajo durante el servicio de la IBARM. La música no será ensallada, dejando que las personas que saben tocar instrumentos lo hagan por su deseo libre de adoración a Dios. El que desee cantar, cuando se canten himnos o coritos, podrá hacerlo unido al grupo. También se tendrán cánticos por solistas, o conjuntos pequeños. Se tratará de dar igual oportunidad a ambos sexos para que ministren.
Orden del Servicio
Es importante tener orden. No tener orden termina haciendo que se logre todo lo deseado dentro de un servicio. También abre la puerta a que algunos se aprovechen de esto para formar un Desorden, o tomar tiempo excesivo para ventilar sus cosas particulares, sin tomar en consideración a los demás.
Tres tipo generales de orden de un servicio existen. Estos son, 1) orden estricto, 2) orden semi- estricto y, 3) orden laxo. Trataremos de tener el segundo, el orden semi-estricto, cosa que permitirá regirnos por un patrón de actividades enmarcado dentro de un tiempo definido, pero con la suficiente soltura para maniobrar como dirija el Señor.

